Marianela Rodríguez (Ferrol, 1970) es la gerente de Gesuga, Gestora de Subproductos de Galicia, con sede en Cerceda.

-¿Cómo nace Gesuga?

-Nace en el 2002, sobre todo a raíz de la enfermedad encefalopatía espongiforme bovina, lo que todo el mundo conoce como el mal de las vacas locas. Este punto marcó un antes y un después en el tratamiento de los subproductos cárnicos. A esto nos dedicamos, al tratamiento de los subproductos.

-Cuentan además con una planta de transformación de categoría uno. ¿Qué significa esto?

-Los subproductos tienen diferentes categorías. La categoría uno se trata de procesar aquellos subproductos que tienen que salir de la cadena alimentaria, es decir, se trata de darle un proceso que garantice que no vuelven a la cadena alimentaria.

-¿Desde cuándo funciona?

-Desde el año 2005. Cuando se inició procesábamos alrededor de 10 toneladas por hora y ahora 20. Tenemos capacidad para 400 toneladas diarias aproximadamente.

-¿Se ayuda de esta forma al medio ambiente?

-Pues sí, habría que pensar que estos subproductos si no se les diese este tipo de salida o tratamiento, tendrían que tener otro destino. Antes de la entrada en vigor del reglamento del 2002, lo que se estaba haciendo mayoritariamente era el enterramiento, en cuanto a explotaciones ganaderas se refiere. Nosotros además de subproductos en explotaciones ganaderas también recogemos en industrias alimentarias. Habría que pensar qué pasaría con estos subproductos, antiguamente los que sabían de la cadena de alimentación sí tenían un destino directo de las grasas y harinas, que son los subproductos resultantes, a lo que es la cadena alimentaria comercializándolos para piensos. Actualmente está prohibido, en lo que a categoría uno se refiere.

-¿Qué productos se obtienen de la transformación?

-Fundamentalmente dos, las harinas cárnicas y las grasas animales. Las harinas cárnicas, por legislación, por ser de la categoría uno, y para garantizar que salen de la cadena alimentaria se destinan a incineración, a unos gestores autorizados. Actualmente son fundamentalmente las cementeras, que lo utilizan como combustible. Lo incineran generando digamos como un sistema de combustión. Con las grasa animales nosotros tenemos dos destinos. Por un lado el propio, el que utilizamos nosotros para quemarlas y generar energía térmica, vapor; o bien las enviamos a plantas autorizadas de biodiésel.

-¿Cuánta cantidad de subproductos valorizables se producen al día?

-De harinas cárnicas, de media 50 toneladas diarias, y de grasa, 20 toneladas diarias. Nosotros también lo que hacemos antes de entrar en la cadena de transformación, en lo que es la cadena de vacuno, de lo que recogemos en explotaciones ganaderas lo que hacemos previamente a la eliminación es una extracción de la piel. Actualmente estamos extrayendo unas cien pieles diarias de vacuno, que luego las llevamos a nuestra propia planta térmica de salado y luego se comercializa.

-¿Cómo de importante consideran que es que las empresas se conciencien en el cuidado del medio ambiente?

-Yo creo que todas las empresas pensamos que es fundamental, que todos entremos en este sistema de cuidado del medio ambiente, que es en el que tenemos que convivir todos. Hoy en día yo creo que la mayoría de empresas estamos concienciadas de la necesidad de ayuda al medio ambiente.

-Cuentan además con una declaración sobre calidad, medio ambiente, eficiencia energética, sostenibilidad y seguridad y salud en el trabajo.

-Sí, yo creo que para todos los que componemos esta empresa esto es muy importante. No solo por tener el sello de calidad, que es importante efectivamente porque es una imagen dentro y fuera del país. Creemos que es una mejora continua, controlar como tienes el sistema de la calidad, el poder controlar todas las actividades… ese proceso de control te ayuda a saber dónde puedes mejorar, dónde puedes hacer hincapié para darle al cliente un mejor servicio, ahorrar en combustible, energía térmica, eléctrica, mejorar la situación de los trabajadores en la empresa… todo lo que es controlable es mejorable a la larga.

La Voz de Galicia, 02 de mayo de 2016